Patinete
Patinete
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El Trono Flotante del Imperio del Sol.
Majestuoso, fosforito, y más ridículo que útil: el patinete acuático con tobogán, la cúspide del ingenio turístico. Un invento que permite a un grupo de veraneantes sentirse capitanes de su propia idiotez mientras pedalean mar adentro para luego lanzarse, con solemnidad olímpica, desde un tobogán de plástico que ni en una fiesta infantil.
Es la fantasía húmeda del turismo costero: ocupar el mar con más cacharros, más ruido, más plástico. Un parque acuático improvisado donde el Mediterráneo deja de ser mar para convertirse en piscina comunitaria con olor a crema solar y cerveza caliente.
Y mientras tanto, la fauna marina reza por la extinción de la humanidad. Con razón.
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